El ángel de la bicicleta
En el departamento de Lengua hablábamos hoy de León Gieco. Alguno no lo conocía, pero es un cantautor argentino a quien le debemos, entre otros títulos, la famosísima "Solo le pido a Dios", de la cual hay muchas y muy variadas versiones (a mí me gusta bastante la de Outlandish). Puestos a elegir una de sus canciones, me quedo con "El ángel de la bicicleta", quizá porque en estos tiempos en que todo lo que habíamos dado por hecho parece tambalearse, nos viene bien recordar que la verdadera historia del progreso y la solidaridad no la escriben los políticos, sino, como suscribiría Unamuno, todas esas gentes sin historia que hacen cada día su trabajo con dignidad y empeño, todos esos hombres y mujeres que dejan de mirar su ombligo para que la palabra "humanidad" no termine completamente podrida por dentro, como las frutas que maduran fuera del árbol. No os voy a contar yo la historia que hay detrás de este "ángel"; la podéis leer, con todo lujo de detalles, aquí, pero ¿no os resulta familiar?
El Gobierno, arrinconado, no asimiló la gravedad de los hechos. Dispuesto a proteger más sus mezquindades que a cubrir las necesidades de la gente, pretendió sostenerse en el poder a cualquier precio: no ordenó combatir el hambre sino a los hambrientos. Las fuerzas policiales salieron a cazar, no a los denunciados sino a los denunciantes. Los pobres no debían ser asistidos, sino replegados a fuerza de golpes y balas nuevamente hacia los barrios, detrás de los muros.
Por ampliar horizontes, en lugar de la original, os sugiero la versión de Mercedes Sosa con Gustavo Cordera, a ritmo de cumbia.
Lo que ocurrió en Rosario se ha repetido en tantas ocasiones como veces olvidamos que es de cobardes castigar al más débil. ¿Os provoca un comentario crítico sobre el particular? Acudid a vuestros recuerdos, a la filosofía, a la historia, a la literatura... Opinad, en fin.
El Gobierno, arrinconado, no asimiló la gravedad de los hechos. Dispuesto a proteger más sus mezquindades que a cubrir las necesidades de la gente, pretendió sostenerse en el poder a cualquier precio: no ordenó combatir el hambre sino a los hambrientos. Las fuerzas policiales salieron a cazar, no a los denunciados sino a los denunciantes. Los pobres no debían ser asistidos, sino replegados a fuerza de golpes y balas nuevamente hacia los barrios, detrás de los muros.
Por ampliar horizontes, en lugar de la original, os sugiero la versión de Mercedes Sosa con Gustavo Cordera, a ritmo de cumbia.
Lo que ocurrió en Rosario se ha repetido en tantas ocasiones como veces olvidamos que es de cobardes castigar al más débil. ¿Os provoca un comentario crítico sobre el particular? Acudid a vuestros recuerdos, a la filosofía, a la historia, a la literatura... Opinad, en fin.
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